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Poda del granado: formación en vaso y el chupón que no para de salir

El granado es de las especies mediterráneas que menos poda necesita una vez formado, pero saca chupones desde la base sin descanso. Cómo formarlo y mantenerlo sin que se te vaya de las manos.

El granado es uno de los frutales mediterráneos más agradecidos de este catálogo: aguanta sequía, suelos pobres y calor extremo mejor que casi cualquier otro árbol de los que aparecen aquí, y España tiene una tradición granadina propia, con la granada de Elche como referencia con Denominación de Origen. Pero tiene un comportamiento que sorprende a quien lo planta por primera vez: saca chupones desde la base del tronco y desde el arranque de las ramas principales de forma casi constante, mucho más que el resto de frutales de hueso o pepita de la serie. Entender esto es la clave de su poda: más que una técnica complicada, el granado pide una vigilancia continua sobre estos brotes de base.

Formación en vaso bajo: tres brazos principales

La formación clásica del granado en España es un vaso bajo, con un tronco corto, entre 20 y 35 cm, del que parten tres o cuatro ramas principales o brazos. Durante los primeros años se despeja el tronco de brotes laterales hasta esa altura, dejando solo dos o tres yemas bien orientadas que se convertirán en la estructura definitiva del árbol. También se puede optar por dejarlo crecer como arbusto de varios troncos desde la base, una decisión similar a la que ya vimos entre el vaso mono-cono y el multitronco del olivo: el vaso de tronco único facilita el trabajo alrededor del árbol, mientras que la forma de mata o arbusto es más tradicional y más resistente si se pierde algún pie.

Chupones: el trabajo que nunca termina

Sea cual sea la forma elegida, el granado no deja de sacar chupones vigorosos desde la base del tronco y desde la zona donde las ramas principales arrancan del tronco, sobre todo si en algún momento se ha hecho una poda intensa, cuanto más agresiva la poda, más chupones salen después, casi como respuesta del árbol. Por eso conviene ser moderado en cada intervención y, a cambio, revisar la base del árbol varias veces durante la temporada de crecimiento para ir retirando estos brotes según van saliendo, en vez de dejar que se acumulen y esperar a la poda de invierno para quitarlos todos de golpe.

Fructificación: espolones que aguantan varias temporadas

El granado da su fruto sobre todo en espolones cortos que se forman en madera de dos o más años y que, una vez en marcha, siguen produciendo durante varias temporadas seguidas antes de perder fuerza. Es un patrón de fructificación cercano al que ya vimos en el almendro: la consecuencia es la misma, la poda de un granado adulto no debe buscar renovar madera productiva a la ligera, sino aclarar la copa para que entre luz, el granado necesita buen sol directo para que la piel de la fruta coloree bien, y retirar solo la madera vieja que ya ha dejado de ser productiva.

Poda de mantenimiento: aclareo suave, nunca agresivo

Con el árbol ya formado, la poda anual se limita a eliminar chupones de base, ramas cruzadas o mal orientadas hacia el interior, madera seca, y algún espolón ya agotado tras varios años de producción. El granado tolera bien incluso una poda de rejuvenecimiento fuerte si un ejemplar lleva años abandonado, porque rebrota con facilidad desde madera vieja, pero en el mantenimiento normal de cada año conviene no pasarse: una poda demasiado intensa es, precisamente, lo que más chupones dispara después.

Un efecto secundario de podar de más: frutos partidos

Un granado que se poda de golpe con demasiada intensidad no solo responde sacando chupones. La fruta que queda de pronto mucho más expuesta al sol directo, tras perder buena parte de la hoja que la protegía, es más propensa al rajado o partido del fruto, sobre todo si además coincide con riegos irregulares en la fase de engorde. No es un motivo para no podar, es un motivo más para hacerlo de forma moderada y repartida en el tiempo en vez de en una sola sesión drástica, la misma lógica que conviene aplicar con cualquier especie del jardín antes de coger la tijera con ganas de "arreglarlo todo" en una tarde.

Cuándo podar

La poda se hace en invierno, con el árbol en reposo y una vez pasado el riesgo de heladas fuertes, normalmente en febrero en la mayor parte de España. La retirada de chupones de base, en cambio, no tiene que esperar a esa fecha: conviene hacerla en cuanto se detectan, durante toda la primavera y el verano.

Preguntas frecuentes

¿Por qué mi granado saca tantos chupones en la base? Es un comportamiento normal de la especie, más marcado cuanto más intensa haya sido la última poda. La solución no es una poda distinta, es ir retirándolos a mano varias veces durante la temporada de crecimiento.

¿Se puede formar el granado como arbusto en vez de como árbol? Sí, es una opción tradicional y válida: se deja con varios troncos desde la base en vez de seleccionar uno solo, de forma parecida a como se forma el olivo multitronco.

¿Cuánto tiempo sigue dando fruto un mismo espolón? Varias temporadas, hasta que empieza a dar fruta más pequeña o irregular, momento en el que conviene renovarlo cortando sobre madera algo más vieja para que salgan espolones nuevos.

Herramientas que usamos


Con el granado, la poda de invierno importa menos que la vigilancia constante sobre los chupones de la base durante el resto del año. Si quieres comparar con otro frutal de patio de lógica parecida, la higuera tiene su propia versión de esta tensión entre vigor y forma, y si prefieres situar esta poda dentro del resto del año, tienes el calendario de poda mes a mes.